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cómo fue el caso que arrasó con todo el obispado en Chile

El cura chileno Fernando Karadima era un depredador sexual. Una de sus víctimas, Ariel Dorfman, tenía 16 años la primera vez que lo vio. Hoy lo recuerda como un ser “despreciable”. Era 1958. Y el sacerdote tenía entonces 27 años. Era solo el comienzo.

Durante años, Karadima, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosque, abusó de menores, laicos y seminaristas. Usó su carisma para seducir y la manipulación para ganar silencio.

Iglesia del Sagrado Corazón del Bosque. (La Tercera)

Cuando sus víctimas por primera vez contaron ante las cámaras de televisión chilena los detalles de los abusos habían pasado muchos años, pero destaparon un infierno.

El testimonio más impactante recogido en 2010 por la Televisión Nacional de Chile, fue el de James Hamilton, hoy gastroenterólogo.

Los toqueteos y los besos

CH01. SANTIAGO (CHILE), 18/01/2018.- Juan Andrés Murillo (i), Juan Carlos Cruz (c) y James Hamilton (d), personas que se querellaron contra el sacerdote, Fernando Karadima, hablan durante una rueda de prensa hoy, jueves 18 de enero de 2018, en Santiago (Chile). El papa Francisco defendió hoy al obispo chileno Juan Barros y aseguró que las acusaciones de que encubrió de los abusos sexuales contra menores cometidos por el sacerdote Fernando Karadima "son calumnias". Cruz, Murillo y Hamilton, tres de las víctimas de Karadima, emitieron una declaración pública en la que rechazaron la defensa que realizó el papa Francisco. EFE/Christian Iglesias

Juan Andrés Murillo (izq.), Juan Carlos Cruz y James Hamilton (der.), personas que se querellaron contra el sacerdote, Fernando Karadima./ EFE

Hamilton conoció a Karadima cuando perdió a su padre. Lo encontró en la Iglesia del Bosque mientras estudiaba Tecnología Médica y buscaba integrarse en el Movimiento Acción Católica que lideraba el cura pedófilo.

“A poco de andar (Karadima) dijo que quería ser mi padre (…) empezamos a tener una relación especial”, cuenta Hamilton, quien agregó que desde un principio le llamó la atención “el toqueteo genital” del padre con su grupo más cercano.

No solo había “toqueteo” en cualquier momento sino besos “accidentales” que daba el padre a los seminaristas.

Hasta que un día la víctima fue Hamilton. Ocurrió en un viaje fuera de Santiago al quedarse solo con el religioso. “Quedarse con él (solos) era la gloria”, recordó. aludiendo al carisma del cura y a su capacidad de hacer sentir a los demás especiales.

Juan Carlos Cruz, en una imagen de 2015, en Wilmington, Delaware./ AP

Juan Carlos Cruz posa para la prensa en Wilmington, Delaware./ AP

“Nos pusimos a ver tele… me llevó las manos a los genitales. En ese momento me excité. Nunca me habían gustado los hombres, me encantaban las mujeres. Quedé petrificado (…) Tuve un orgasmo. Ahí algo se quebró en mí”, contó.

Luego siguieron los abusos esporádicos y la manipulación que, según Hamilton, le impidieron enfrentarlo.

Otra de las víctimas, Juan Carlos Cruz, recuerda cómo los manipulaba para callar. “Decía que iba a contar algunas cosas que habíamos hablado en la confesión”.

La mujer que destapó la olla

Fue la esposa de Hamilton la que derribó la pared.

Verónica Miranda, que asistía a la misma parroquia que Karadima, no sólo estampó la primera denuncia formal en la Iglesia, sino que animó a Hamilton a hablar.

En esta foto de archivo del 11 de noviembre de 2015, el Rev. Fernando Karadima, en el centro, es escoltado fuera de la corte después de testificar en una demanda presentada por tres de sus víctimas alegando abuso sexual encubierto por la Arquidiócesis de Santiago. (AP Photo/Luis Hidalgo, File)

Fernando Karadima es escoltado al salir delos tribunales en Santiago, en 2015./ AP

Miranda ofreció una entrevista a los periodistas de Ciper Juan Andrés Guzmán, Gustavo Villarrubia y Mónica González para su libro “Los Secretos del imperio Karadima”, en la que revela que en el Bosque “todo lo controlaba Karadima”.

La mujer relata en la entrevista la escena con la que se encontró un día cuando acompañó a Hamilton a la habitación de Karadima. Tanto ella como James eran miembros de la parroquia.

“¿Qué viste?”, le preguntaron los periodistas.

“Ese día subimos los dos con Jimmy, él tocó la puerta y Karadima contestó que esperara. Estuvimos en el pasillo del segundo piso más de una hora. Y cuando la puerta se abrió, vi a Karadima sentado en su sillón con el cuello abierto, el cinturón del pantalón abierto y sudado. Hincado frente a él estaba un sacerdote. Y había otra persona más en la pieza… La puerta se abrió, pero Karadima no sabía que yo estaba ahí. Pensaba que Jimmy venía solo”.

Pero la vieron. Y a ella la agarraron, se la llevaron por un pasillo y le decían que “el curita” estaba muy cansando porque estuvo haciendo ejercicios.

“Sí, aquí está la máquina donde el curita estuvo haciendo ejercicios, por eso está tan cansado, pobrecito”, le decían. Y otra voz: “Parece que le subió un poquito la presión y está descansando ahí con un sacerdote, por eso estaba todo transpirado”.

Condenado a una vida de oración

Chile: De pie, los obispos Horacio Valenzuela (Talca), Juan Barros (Osorno), Andrés Arteaga (Auxiliar de Santiago) y Tomislav Koljatic (Linares). De rodillas, Fernando Karadima.

De pie, los obispos Horacio Valenzuela (Talca), Juan Barros (Osorno), Andrés Arteaga (Auxiliar de Santiago) y Tomislav Koljatic (Linares). De rodillas, Fernando Karadima./ Archivo

Karadima fue considerado por el Vaticano en 2011 culpable de cometer abusos sexuales entre 1981 y 1995. Pero no fue expulsado. Su condena fue una vida de oración y penitencia, sin la posibilidad de realizar el ejercicio del sacerdocio.

Los acusadores de Karadima no solo eran novicios sino también feligreses. Las denuncias fueron presentadas recién en 2004. Pero el caso fue cerrado prematuramente sin citar ni siquiera a los testigos. Recién en 2011 se designó a nuevo juez y se amplió la investigación.

La parroquia de Karadima, El Bosque, era frecuentada por miembros de la clase alta chilena. Esto le permitió tejer una extensa red de influencias y conexiones al interior de dicho círculo. Montó una red de jóvenes de los que se rodeaba permanentemente. Estos eran sondeados para futuras vocaciones sacerdotales. Conocidos personajes de la élite lo utilizaban como confesor o guía espiritual.

Tres de las víctimas Jose Andres Murillo, James Hamilton y Juan Carlos Cruz viajaron días atrás al Vaticano para contar su verdad al Papa Francisco y pidieron medidas ejemplificadoras.

Los delitos de Karadima fueron incluso la materia prima de un film “El bosque de Karadima”, estrenado en 2016.

El informe especial de la Televisión Chilena en 2010 armó un escándalo nacional.

El encubrimiento

Juan Barros, obispo de Osorno Bishop, saluda al papa durante la visita de Francisco a Chile. / AP

Juan Barros, obispo de Osorno, saluda a Francisco durante su visita a Chile./ AP

Los delitos de Karadima fueron encubiertos por la Iglesia.

Colaboradores íntimos de Karadima fueron cómplices que asistían a las vejaciones del pederasta, lo defendieron y callaron. En especial Juan Barros, quien afirmó que era inocente y nunca vio nada impropio.

Barros fue nombrado obispo de Osorno a pesar de las denuncias de las víctimas que apuntaban contra él por encubridor. El Papa Francisco lo defendió públicamente cuando viajó a Chile en una gira espantosa para el pontífice.

Hoy, todos los obispos chilenos presentaron su renuncia y pidieron perdón.

Karadima vive en un hogar de ancianos cera de colegios y centros comerciales. Según The Clinic, desayuna frutas y yogur, oficia misa para sí mismo y se “ejercita” en un pasillo de 30 metros.

Y aunque tiene la obligación de informar sus pasos fuera del hogar, se lo ha visto por distintos lugares de Santiago.


FUENTE: http://www.clarin.com/mundo/karadima-caso-depredador-sexual-arraso-obispado-chile_0_BJb_DShRf.html

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